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12/20/2007 1:28 PM RARAMURI (1 Comments)

HOXZION

RARAMURI

www.zorpia.com.ar/HO­XZION sese mate reo iru se se mate reo i va raramuri raramuri hermoso hombre por cierto hermoso hombre por cierto pies ligero no hay pierde en el camino en el alma sese mate reo iru se se mate reo i va raramuri raramuri corre tus pies tan furtes como el viento corre tus pies nadie los puede ver estar bailando , alucinando sese mate reo iru se se mate reo i va raramuri raramuri eres tan hermoso te dijeron tu corazon late verdadero son los pie ligeros que le dieron el sonido eterno al universo sese mate reo iru se se mate reo i va raramuri raramuri verde primavera me parece la tierra estar bailando alucinado........ raramuri raramuri pies ligeros no hay pierde en el corazon en el alma........

4/15/2008 1:28 PMRe: RARAMURI

HOXZION
LOS INDIOS S 38, Buenos Aires, Argentina

Fue un día de octubre. El shaman entra en un pasillo atestado de gente, siempre hay gente por todas partes. El pasillo es alargado, la sala de conferencias esta a la izquierda y a la derecha hay grandes ventanales empañados, fuera llueve, hace frío y las paredes son rojas. Una voz anuncia que la sala de conferencias esta llena y que los que han quedado fuera deberán esperar a la siguiente sesión en el pasillo.
El shaman, resignado, se apoya en uno de los ventanales y baja su cabeza al suelo. Evita las miradas frente a frente que se hacen insoportables, igual que en un vagón de metro lleno de gente se pretende preservar la intimidad que se ha perdido al entrar. El shaman se ensimisma en sus pensamientos y viaja a mundos interiores que solo el conoce pero al cabo de un rato nota dos ojos de serpiente clavados en él.
La curiosidad le hace levantar su cabeza y según la alza sus ojos coinciden con la mirada penetrante de una extraña mujer. Durante una milésima de segundo las miradas coinciden retina contra retina, los velos que protegen sus intimidades caen y las almas quedan desnudas la una frente a la otra. Por un momento se cuentan historias de amor y de desamor, de experiencias vividas buenas y malas, de odios y rencores jamás cumplidos, de bondades y virtudes, de pasados encontrados, de misterios ocultos nunca antes desvelados.
La curiosidad le hace levantar su cabeza y según la alza sus ojos coinciden con la mirada penetrante de una extraña mujer. Durante una milésima de segundo las miradas coinciden retina contra retina, los velos que protegen sus intimidades caen y las almas quedan desnudas la una frente a la otra. Por un momento se cuentan historias de amor y de desamor, de experiencias vividas buenas y malas, de odios y rencores jamás cumplidos, de bondades y virtudes, de pasados encontrados, de misterios ocultos nunca antes desvelados.

Durante esa milésima de segundo las dos almas se funden la una en la otra, en un solo ser y forman una simbiosis mística no esperada, infinita en el tiempo y perecedera en un instante. Cada ente pasa a formar parte el uno del otro, funcionando al unísono como dos piezas de un mismo reloj perfectamente coordinadas, como dos granos de arena que caen juntos abrazados por un momento, como dos motas del tiempo que se van para siempre, en un beso.
La mujer se nota descubierta y sus labios dibujan una leve sonrisa que la delatan pero rápidamente baja su mirada queriendo negar la evidencia, su amago de sonrisa ya ha traicionado cualquier intento de disimulo.
El shaman da por concluido el encuentro y también vuelve a bajar su cabeza desbordado por la visión de la que aun no es consciente, ¿de que se reía?, se pregunta; será de mi ignorancia, piensa. Simplicidades.
El destino se ha escrito inexorablemente. Está por siempre condenado a llevar aquella mirada con él a donde quiera vaya, mire a donde mire, mire a quien mire.
Fue un día de enero. Hacía mucho frió fuera, demasiado. La nieve se había congelado en el suelo y para andar había que pisar firmemente rompiendo el hielo y clavarse en él. La sala estaba abarrotada como siempre pero solo una mirada se cruza con la otra. Era una triste mirada que decía adiós desde lejos, sin posibilidad de acercarse porque si no, nunca habría sido posible la despedida. Los hermosos surcos que circundaban aquellos ojos y que contaban las historias que el shaman amaba se tornaban mas profundos por el dolor de tener que despedirse. El shaman hubiera muerto por aquellas cicatrices del tiempo, por aquellas runas que dibujaban heridas que solo él podía curar. La mirada se vuelve un cuchillo que se clava en el corazón del shaman y que lo parte en dos. Sabe que una mitad para siempre se va con ella y ahoga un grito de dolor y rabia por lo nunca dicho.
Incrédulo, vuelve ante el altar y conjura a los dioses que no le escuchan. El destino vuelve a escribirse inexorablemente. Sabe que está condenado a llevar también aquella mirada clavada a donde quiera que vaya. Sus lágrimas arden en el suelo al caer maldiciendo no haber sabido engañar al destino y reza; “mi amor, no hay suficientes vidas que nos separen, terminaré esta y la maldeciré por habernos alejado. Pero renaceré y te buscaré y solo descansaré cuando mis labios descansen en los tuyos. Te quiero”. Para siempre.
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23 de Enero del 2006
El hall estaba atestado de gente que iba y venia ajetreadamente. El shaman entra en el hall. Nunca antes había estado y tampoco conocía a nadie allí. Mira con sus ojos de shaman desde el umbral de la puerta; la enorme sala gira ligeramente sobre si misma y por un momento se desdobla dejando entrever una realidad paralela. En un instante vuelve a girar a su posición original y todo se detiene por un momento, como si la escena hubiera quedado congelada en el tiempo un segundo y luego siguiera desarrollándose. De repente los rostros de los desconocidos se hacen extrañamente familiares. Parecen los figurantes de una película que ya habían dado y que ahora actúan en esta escena. Algunos miran al shaman indiferentemente como si ya lo hubieran visto antes por allí y pasan de largo. Todo se desarrolla como si estuviera escrito en un guión.
El cúmulo de sensaciones sobrepasa al shaman que tiene que salir otra vez a la calle y sentarse en un banco para poder ordenar sus pensamientos. Aun no se ha recuperado y una mujer joven sale del hall, se para y se queda de pie a la altura del banco pero guardando una distancia prudencial. El shaman advierte enseguida que le están observando. Gira su cabeza a la derecha y ve a la mujer que le esta mirando. Ya la había visto dentro del hall y es el rostro que mas familiar le había parecido a pesar de ser la primera vez que la veía, como a todos los demás.

La mujer sigue observando con cierto disimulo pero no demasiado y sin expresión en el rostro. Es como si hubiera salido a averiguar el motivo de la visita del shaman. El shaman devuelve la mirada y la mujer vuelve al interior del edificio satisfecha.
El shaman sigue sentado tratando de descrifar su visión. Sabe que la mujer fue su compañera en otra realidad o en una vida pasada pero que en esta, debe mantenerse alejado de ella. En su interior todavía quedan los restos de un sentimiento antiguo. Un temor le persigue; que todos los que estaban en el hall fueron integrantes de una misma realidad pasada y que por algún motivo debían reunirse de nuevo en esta realidad, en ese hall y a esa hora por un solo segundo.
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